Ajena a su devenir le observa preguntándose constantemente
quién es él. Indescifrable. No entiende su forma de pensar. No sabe como
siente. A quién siente.
Lo busca. Lo encuentra. Lo ignora. Se aterroriza a su lado,
pero no quiere alejarse de él. Prefiere sentir miedo a no sentir lo que siente
cuando no está cerca. Absolutamente nada. Vacio.
Cuando quiere darse cuenta ha desaparecido a su visión. Un
simple abrir y cerrar de ojos y se ha esfumado. En silencio, entre la multitud.
Mira de un lado a otro. No encuentra su mirada, por lo que
no la puede evitar. Un escalofrío recorre su espalda en forma de susurro: “Y
tú, ¿Quién eres?”.
Se da la vuelta, el miedo vuelve. Se desvanece y
reconstruye. Silencia el temor. Comienza a entender.
