sábado, 29 de diciembre de 2012

They Know.



Ella sabía que Nana fue lo mejor de su vida. Que la foto de la estantería no se movería nunca, como la cadena de su cuello. Que nunca lloró como aquel día, como aquella semana, como aquel mes, como cada vez que se acuerda de ella. 
 
Ella sabía que la toalla azul era su favorita. Que el tazón gris era el suyo. Que la cartera va en el bolsillo derecho trasero y el móvil si no está en el bolsillo delantero izquierdo, está en la mesilla olvidado. Olvidado como la sonrisa del niño de la foto de la estantería. 

Ella sabía que él se había olvidado de quien era. Intentó recordarle que era la misma persona que se sentaba con Nana cada tarde. Que era los mismos ojos brillantes, las mismas manos cálidas, que era la misma bondad.
 
Él sabía que a ella no le gustaba dormir contra la pared, le recordaba a estar despierta. Mejor siempre cerca de la puerta, la escapatoria siempre cerca. Que ella tenía miedo. Era miedo.

Él sabía que las zapatillas hay que quitárselas al entrar en casa, que hay que dejarlas bien colocadas, una junto a la otra, izquierda y derecha. Si le rotaba un poco el plato, ella lo volvería a girar. Sus manías eran graciosas, pero manías al fin y al cabo.

Él sabía que durante un tiempo necesitaría alguien que le abriera las puertas, le alejara de la pared. Que ella no ve ventanas. Ella no creía en las salidas de emergencia.

Ellos sabían que lo sabían. Durante un tiempo, no les hizo falta saber más. Ellos sabían que la nieve se funde, la niebla baja, el invierno vuelve. 

Ahora nadie sabe nada de ellos.

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