lunes, 12 de marzo de 2012

Never again


Abrió la puerta de su casa, lanzó las llaves sobre el armario y tiró al suelo la cazadora, justo al lado de los temores arrinconados. Se sentó sobre el borde de la cama, dejó caer su cabeza y suspiró. Expulsó todo el aire de sus pulmones con la misma violencia con la que la vida le había asestado un nuevo golpe.
Se desplomó sobre su cama. Con los ojos clavados en el techo se preguntaba cuanto tiempo llevaba teniendo ilusión en la existencia de cuentos de hadas. En príncipes azules y princesas encantadas. En que los buenos siempre ganan y los malos reciben su merecido. En finales felices por siempre jamás.
Las lágrimas empezaron a deslizarse por sus mejillas. El colchón se empapó de sueños rotos, esperanzas injustificadas y amores vacios. Renunció entre sollozos a sus últimos atisbos de esperanza. Se desvaneció en su propio llanto.

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