Aquella mañana cuando salió de casa algo fue diferente, aunque en realidad, todo parecía igual. El olor del ambiente hacía presagiar una primavera que se adelantaba dispuesta a revolucionar las hormonas, al menos de aquellos más predispuestos.
El sol cegaba sus ojos y animaba su espíritu. Sonreía sin saber muy bien a qué o a quién, pero sonreía. Llevaba tanto tiempo sin hacerlo que hasta la piel de sus labios se resintió. Desde hacía tiempo pensaba en ponerle solución a las cosas que realmente no la tenían, a buscar explicación a sucesos de lo más “para anormales”. Algunos días le costaba reconocerse frente al espejo, aquella extraña desconocida le miraba raro.
Las cosas, incluso cuando parecían funcionar, mostraban algún defecto de fábrica que mandaba todo el trabajo al punto de reciclaje. Amistades que no eran tal, una relación más que fallida, contratiempos familiares, relación más que fallida volumen 2... Y así una larga lista de inconvenientes que nublaban su buena voluntad.
Esa mañana, con su olor a primavera y sus rayos de sol la empujaron a pensar en todo lo que había ganado mientras perdía su tiempo pensando en todo lo que había perdido o no podía ganar. Entonces se dio cuenta de los motivos de su sonrisa.

Iba a escribir algo ocurrente y bonito, pero me he puesto a llorar y no se me ocurre nada.
ResponderEliminarGracias por no contarme nada, pero querérmelo contar.
http://www.youtube.com/watch?v=mzUzEGIKjSQ
Igual algún día aprendo a hablar. Paciencia.
ResponderEliminarGracias por la aparición estelar.
Me paso sin avisar, para que lo veas sin aviso previo. Me paso a sonreír, como me gusta que sonrías tú. Me paso a verte, bonita.
ResponderEliminarSonriamos juntos mientras podamos.
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