La primavera pasaba ajena a sus
ojos. El verano no calentaba más que las copas de vino. El viento otoñal
arrastraba algo más pesado que las hojas de los árboles. El invierno no traía
más frío del que ya sentía.
Así el tiempo pasaba, ajeno a su
existencia. Mientras, se sentaba en una calle transitada. Observaba el ir y
venir de la gente. Unos apresuraban su paso, otros disfrutaban del paseo. Unos
pocos esperaban. Quizá esperaban también ajenos al tiempo que perdían.
Entre tanta gente, nadie parecía
lo suficientemente interesante. Nadie tenía un brillo especial en la mirada. Nadie
merecía la más mínima atención. No tenían sus ojos.
Un día, cuando ya no esperaba ni
que pasara el tiempo, pudo distinguir una mirada en la lejanía. Radiante, aparentemente
especial, merecedora de atención.
El tiempo corría mientras cantaba
soñando. “As the spring in its bloom, the summer stars and the moon”. Ignorando
lo próximo que estaba el fin de la canción, continuó tarareando.
Así volvió a pasar el tiempo.
Termino la última nota. El brillo se apago. Volvió a sentarse en una calle
transitada.
Y así el tiempo pasaba, ajeno a
su existencia.

No hay comentarios :
Publicar un comentario