viernes, 23 de agosto de 2013

Kind of confused.



El otro día escuche una canción. Hablaba de ti y de mí. Cantaban con tu voz, o quizá me la cantabas tú en aquel bar. Todo repleto de gente y como siempre tú en medio, saludando a propios y a extraños.

Quizá no era una canción. Eran copos de nieve cayendo como meteoritos. Rompiendo el asfalto y mostrando el infierno. Las entrañas de la tierra, las tuyas, las mías, las de una noche que nunca se repetirá.


Quizá no fue aquella noche. Sucedió otra en una plaza, lo que relucían no eran los copos de nieve, eran las luces de neón de bares en los que nunca me gustó entrar, pero en los que siempre encontraba calor. El ardor de los tequilas, de un acento extraño, de una calada mal tomada, de un “hasta siempre, nunca más”.


Quizá no era calor. Era la brisa de la primavera que anunciaba el cambio de estación. De un tren que se va y otro que se pierde para no volver a encontrarse. De un andén lleno de viajantes sin destino, de maletas vacías, de mapas sin ruta. 

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