martes, 6 de agosto de 2013

Running in circles.



Abres la puerta de una casa extraña a las 9 de la mañana. Te ciegas con el fogonazo de luz. Piensas “¿Cómo coño he llegado yo aquí?”. 

Una vez que has quemado todo el alcohol del cuerpo cuesta pensar con claridad en lo que ha pasado mientras tus poros rezumaban ron barato. Con suerte, encuentras una pequeña sombra y te enciendes un cigarro. El sabor a nicotina puede traer recuerdos muy dulces, pero también muy amargos.


Entonces piensas “¿cómo coño salgo yo de aquí?”. Comienzas a caminar y con cada paso sientes que te alejas. Arrancas hojas del calendario, vacías litros de vino, copas de ron y cajetillas de tabaco. Te bebes las noches y vomitas las mañanas. 


No paras de caminar y cuando te quieres dar cuenta has dado la vuelta al mundo, has abierto la misma puerta, te has deslumbrado con el mismo sol y vuelves a preguntarte “¿Cómo coño he llegado yo aquí?”.



Lo extraño es alejarte y acabar llamando siempre a la misma puerta. 

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