Era capaz de escuchar las olas
del mar, oler la sal y sentir los rayos de sol. Un cálido e incomprensible sentimiento
le recorría las entrañas recordándole que estaba vivo. Disfrutaba de ese efímero
momento antes de abrir los ojos. Era como estar allí, en ese tiempo y en ese
lugar.
Una vez que fijaba la mirada en
el techo todo desaparecía. No escuchaba nada, nada olía a nada. Se fumaba el
primer cigarro del día intentando no perder ese sentimiento, pero se desvanecía
con la primera calada.
Ducha rápida, café insípido, ropa
formal, trabajo de mierda, comida insulsa. Así pasaba cada día hasta media
tarde, que abandonaba un trabajo que hacía tiempo le encantaba. Se montaba en
el coche, se miraba fijamente a los ojos en el retrovisor y se aflojaba la corbata. Arrancaba el
motor medio ahogado gracias al humo de esa patraña de gran ciudad.
Conducía colina arriba
aprovechando cada centímetro de curva, como lo hubiera hecho con ella. Cuando
llegaba al mirador frenaba de golpe para que una gran nube de polvo inundara el
ambiente. Entonces se bajaba, miraba la gran polvareda mientras se quitaba la chaqueta
y remangaba la camisa, y, cuando el polvo se desvanecía, comenzaba a ver las
luces de la ciudad encenderse en la lejanía.
Se sentaba en el borde del muro
de piedra cada día durante un par de horas. Pensaba en las historias de la
gente que habitaba cada edificio de esa gran ciudad. Ya casi había reinventado
media realidad.
Un día, cuando llego al muro de
piedra se encontró con una intrusa. Estaba allí sentada, mirando la ciudad. El
primer día apenas se miraron y el resto no cruzaron ni la más leve palabra. Ni
saludos ni despedidas, tan solo ofrendas de nicotina y alcohol por medio de gestos
desinteresados. La misma rutina durante 3 meses y 27 días.
Al tercer mes y vigesimoctavo
día, algo cambió. Ella quiso saber.
- - ¿Cuál es tu historia?
- - “Yo estuve
colado por una chica, pude estar con ella... pero no lo hice. Durante un tiempo
me tumbaba en la cama preguntándome si había sido un error, preguntándome si
dejaría de pensar en ella. Ahora...
apenas recuerdo cómo era, se me ha borrado su rostro. Sé que nunca volverá.
Así que... ¿Tres años son suficientes para olvidar a alguien? Por supuesto.”
(James Ford. Lost 5x10 LaFleur).
Que no.

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