viernes, 28 de junio de 2013

3-28.



Era capaz de escuchar las olas del mar, oler la sal y sentir los rayos de sol. Un cálido e incomprensible sentimiento le recorría las entrañas recordándole que estaba vivo. Disfrutaba de ese efímero momento antes de abrir los ojos. Era como estar allí, en ese tiempo y en ese lugar.

Una vez que fijaba la mirada en el techo todo desaparecía. No escuchaba nada, nada olía a nada. Se fumaba el primer cigarro del día intentando no perder ese sentimiento, pero se desvanecía con la primera calada. 

Ducha rápida, café insípido, ropa formal, trabajo de mierda, comida insulsa. Así pasaba cada día hasta media tarde, que abandonaba un trabajo que hacía tiempo le encantaba. Se montaba en el coche, se miraba fijamente a los ojos en el retrovisor y se aflojaba la corbata. Arrancaba el motor medio ahogado gracias al humo de esa patraña de gran ciudad.  

Conducía colina arriba aprovechando cada centímetro de curva, como lo hubiera hecho con ella. Cuando llegaba al mirador frenaba de golpe para que una gran nube de polvo inundara el ambiente. Entonces se bajaba, miraba la gran polvareda mientras se quitaba la chaqueta y remangaba la camisa, y, cuando el polvo se desvanecía, comenzaba a ver las luces de la ciudad encenderse en la lejanía.

Se sentaba en el borde del muro de piedra cada día durante un par de horas. Pensaba en las historias de la gente que habitaba cada edificio de esa gran ciudad. Ya casi había reinventado media realidad.

Un día, cuando llego al muro de piedra se encontró con una intrusa. Estaba allí sentada, mirando la ciudad. El primer día apenas se miraron y el resto no cruzaron ni la más leve palabra. Ni saludos ni despedidas, tan solo ofrendas de nicotina y alcohol por medio de gestos desinteresados. La misma rutina durante 3 meses y 27 días. 

Al tercer mes y vigesimoctavo día, algo cambió. Ella quiso saber. 

-         - ¿Cuál es tu historia?

-       - Yo estuve colado por una chica, pude estar con ella... pero no lo hice. Durante un tiempo me tumbaba en la cama preguntándome si había sido un error, preguntándome si dejaría de pensar en ella. Ahora... apenas recuerdo cómo era, se me ha borrado su rostro. Sé que nunca volverá. Así que... ¿Tres años son suficientes para olvidar a alguien? Por supuesto.” (James Ford. Lost 5x10 LaFleur).

Que no.

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